Seguridad en nuestras calles, en nuestras fronteras y respeto a nuestra identidad

La masacre cometida ayer en un mercado navideño en Berlín, que de momento ha costado la vida a 12 personas (nuestro más sentido pésame a sus familias) supone una vuelta a la realidad y otro severo toque de atención para nuestros gobiernos.

Una vez que la policía alemana ha confirmado que el ataque ha sido realizado por un yihadista que entró apenas hace un año como refugiado, es necesario que la canciller Angela Merkel responda ante su pueblo por la política de puertas abiertas que ha permitido la entrada en ese país, y en toda Europa, a personas sin ningún criterio y bajo ningún control.

Una vez más quedaría demostrado que una política de asilo basada solamente en criterios de “solidaridad” -y no de seguridad e interés nacional- es absolutamente suicida. Pero en este caso no sería responsable la canciller en exclusiva. Todos aquellos que, con un fanatismo en nada diferente a los yihadistas, quieren impedir el debate racional sobre la necesidad y oportunidad de hablar de la inmigración, sin complejos y sin tapujos, deben igualmente explicar al pueblo por qué se secuestra este debate, incluso con el código penal: desde periodistas y académicos hasta la izquierda radical y los liberales, todos ellos deben justificar lo que constituye un fracaso evidente y cuyas consecuencias paga el pueblo con su sangre.

A la ofensiva yihadista contra los europeos y nuestro modo de vida hay que sumar la terrible crisis de valores, la falta de arraigo, de conexión con nada que trascienda al individuo y que arrastra a tanta gente a la delincuencia, la depresión o al asesinato. La amenaza está ahí fuera, pero también está aquí dentro. No solo se ha de combatir policialmente a los terroristas y recuperar el control de nuestras fronteras, también aquí dentro hemos de defender y reafirmar nuestros valores y nuestra identidad como mejor antídoto contra el terrorismo y la violencia.

Cada vez está más clara la necesidad de un cambio de rumbo. Nuestro futuro bien lo merece. La seguridad en nuestras calles comienza con la seguridad en nuestras fronteras y continúa con el respeto a nuestra identidad.